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lunes, 2 de diciembre de 2013

Había una vez... mi camino


“Dejamos de cuidarnos” allá, por agosto de 2011. Convencida, además, de que esto del embarazo sería un trámite. Qué ilusa. Vengo de muchos años de noviazgo, de cuidarme con una exageración casi enferma… Y heme aquí. Vacía, vacía. ¿Cómo puede ser que haya mujeres que se embaracen del aire?

Pasaron los meses, un año, seis meses más, y empecé a desesperar. Me atendía con mi gineco y obstetra de siempre, que nos pedía que “nos relajáramos”, que “era la cabeza” y otras pelotudeces por el estilo. A los ocho, nueve meses de búsqueda, el mismo médico me indicó hormonales, progesterona, histero y un cultivo. Y a mi maridito, espermograma completo (Kruger y otras yerbas). “Todo está bien, están los dos perfectos y no hay razón para que no queden embarazados”. Ajá… Ok, nos fuimos, aliviados, seguimos divirtiéndonos y a fin de año colgamos la sotana de la ansiedad prometiéndonos liberar –de verdad- la cabeza, cerrar los foros, dejar de buscarlo o buscarla porque todo estaba bien y no dependía de nosotros. 


Hola, ¡bienvenid@s al cacareo!

He aquí, me presento.

Me dicen Vicky, por más de que Claudia Zetara firme todas las publicaciones. Claudia es un personaje ficticio. Por qué la creé, preguntarán... un poco por timidez, otro poco por vergüenza, y otro poco por falta de valor. No estoy preparada para ser infértil. ¿Quién lo está? Y mucho menos, para gritarlo a los cuatro vientos. Más allá de mi orgullo lastimado, reconozco que tampoco me divierte mucho esto de ser la femme-infértil-pública del planeta. No sé, tengo un costado tal vez un cacho más reservado. Que Claudia se lleve las flores. O las piñas.

Luego de años de búsqueda, después de releer y leer blogs y blogs de grandes blogueras sobre infertilidad, decidí abrir el mío. ¿Y por qué no? Después de todo, hace muchos meses que vengo escribiendo y escribiendo en la soledad de ese escritorio de mi casa -que no llega nunca a convertirse en la habitación del bebé-, en formato Word, para dentro, para mi sola.