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viernes, 10 de abril de 2015

Dónde me quedé...

Hace tanto que no escribo acá que no sé bien por dónde empezar. Ayer pensaba en el blog, en ver desde qué fecha me paro para continuar con estos relatos y cacareos por momentos tan fuertes, por otros tan apagados, y resolví que a lo mejor está bien hacerlo desde ahora, como salga. 

Hace unos meses, unos cuantos meses, cambiamos de médico. Con mi marido empezamos la búsqueda de nuestro bebé hace más de tres años, convencidos de que quedar embarazados era una cuestión de tiempo (CORTO tiempo) y de nada más, "a divertirse". Pero nos encontramos con que nos costaba, y nos costaba mucho aceptar que nos costaba (al menos a mí). Había algo en mi interior, muy en el fondo, una especie de mandato, norma, o de inflexibilidad muy grande que no me permitía ser infértil o mejor dicho, tener dificultades para concebir (o al menos y siendo positiva, "un poco más de dificultades" que otras mujeres). No me lo podía perdonar, me autoexigía mucho, aun cuando no lo gritara a los cuatro vientos o lo charlara con nadie... Había una Victoria que fajaba con la mente a la otra pobre desgraciada que hacía todo lo que le indicaban y que, sin embargo, no lograba concebir un bebé. Yo sabía que era injusto lo que hacía conmigo, pero se trataba una conducta casi inconsciente y muy difícil de manejar; por eso, al principio me vi envuelta en miles de consultas pedorras en Internet, presuponiendo diagnósticos, inventando etiquetas, especulando sobre cuestiones médicas que no entendía muy bien pero que seguro alguna forista conocía la respuesta.

domingo, 19 de enero de 2014

Acá están, estos son... mis pedacitos

Me pregunto si necesitaré un psicólogo, no sé, a veces siento que no puedo sola, que no puedo con esto, aún cuando tenga un espacio como este para escribir y escribir, y vomitar toda esta angustia que me pesa demasiado, y que reduce todo mi optimismo a una cachetada fuerte que me llena de lágrimas, porque hago todo lo que tengo que hacer, mi marido también, todo lo que nos dicen que hagamos, porque confío en los médicos, en Dios, pero no alcanza, no sirve, no depende de nada de lo que hacemos. Es terrible.

Me pesa mucho esta cruz y hoy siento que no puedo cargarla. La vida, la infertilidad, no sé qué carajo, me ha quitado la fe en mi. No me parece justo y siento que me convierto, con el tiempo, en la calladita de los asados familiares (y que antes solía ser tan divertida, tan segura de sí misma, tan afortunada), en los cuales somos tíos por default y nos reducimos a dar mamaderas a los sobrinos sabiéndonos desesperados por criar a nuestros propios hijos. Ya no se trata de escaparle al dolor, porque por más de que corra la tristeza me alcanza igual.

Estoy sufriendo, y si bien puedo elegir cómo hacerlo, es muy difícil optar -siempre- por la alternativa más liviana. Sé que el motor que me llama a ser mamá suena cada vez más fuerte, como si con cada negativo ese deseo creciera en forma exponencial para llenarme de fuerza de nuevo, para poder seguir luchándola...

Este fue mi tercer ciclo con clomifeno y nada. Puede que esta droga sea "la continuación de un camino" porque sé que hay mil tratamientos diferentes y este es el "primer paso", pero créanme que el primer paso me agarra cansada. Es que estuvimos 2 años intentándolo por vías naturales sin lograrlo, con un médico PELOTUDO que me decía que era una ridícula en ponerme ansiosa porque todo estaba bien.

Y TODO NO ESTABA BIEN.
No siempre.



No sé, no sé si me llevo bien con esta droga o qué. Mis gráficas, mis tetas, mi cuerpo todo es de libro de reproducción, y no me refiero por lo aparentemente infértil... si no porque con el clomifeno (y la vitaminas que vengo tomando) se comporta maravillosamente bien. A ver, tengo calor cuando lo tomo y tal vez me duelan un poco los ovarios de más al ovular... pero en las dos veces que ovulé con ellos se confirmaron ciclos de película, en los que mi temperatura sube cuando tiene que subir y se mantiene milagrosamente alta, prolijita, hasta que baja y aparece la puta de mierda.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Mi casa infértil

Qué triste. Hoy, luego de salir a almorzar con mi marido, por primera vez vi a mi casa -que amo y que construí con mi amorcete paso a paso y con mucho esfuerzo- como una casa muerta. Una casa en la que vive una pareja infértil.

A ver, hace banda que sé que soy infértil, pero hay días en los que la infertilidad se nota más... No sé, es como cuando alguien muere. Pasan los años y hay meses que sentís que esa persona falleció ayer; y hay otros, en los que te parece que se murió hace años. ¿Nunca te pasó?

Lo cursioso y lo que me recuerda la infertilidad es que el tiempo del duelo no es cronológico. No importa ya mucho hace cuánto que busco ser mamá y no lo logro... Porque basta que un día entre a mi casa y la infertilidad de repente me aplaste, o me parezca algo reciente, algo que no sabía que tenía.

Así somos nosotros. Mi marido y yo.  Actitud 100% verosímil.

Ayer fuimos a cenar a lo de mi cuñado y su mujer, nos recibieron con una picada riquíiiiiiiiiiisima. Ellos también tienen problemas para concebir, Nanu viene de perder dos embarazos en la semana 5/6 en una búsqueda que le lleva más de un año y medio más o menos. Luego de la cena y una vez en la cocina, le pregunté cómo llevaba su infertilidad y me contó que -lo mismo que siento yo y probablemente ustedes del otro lado del monitor- a veces es terrible, otras no tanto, otras más terrible que las que parecían durísimas, etc. Y me contó que estaba haciéndose análisis, que mi cuñado tiene un esperma medio debilucho y que lo pusieron a tomar vitaminas (luego de tomarlas un mes y medio parece que funcionó porque quedaron embarazados pero ella lo perdió a las pocas semanas), que ella tendría algún problema de coagulación; que, contrariamente a la trombofilia, le costaría o tardaría más en coagular... y por primera vez habló de inseminación artificial; "Vicky, no me importa, estoy harta y no quiero volver a pasar por algo así; si tiene que ser intervención que sea. Si tengo que tomar hormonas, que sea. Pero yo quiero quedarme embarazada". 


martes, 3 de diciembre de 2013

¿2+2...? ¡5! ¡Coooorrecto!

Una de las cosas que voy aprendiendo en este camino tan larrrrgo es que en fertilidad -como en la vida misma, joder- 2+2 no siempre es 4. Considero que nuestro precioso cuerpo es algo tan pero tan complejo, tan sensible y cambiante, que en biología, decía mi viejo, no hay matemática. Aunque, por supuesto, los indicadores madre sean cruciales para saber dónde estamos parados.

Caso de Vicky 1:

En teoría, y de acuerdo a mis últimos antecedentes hormonales, no estaría ovulando todos los meses. Por ende, las chances de concebir se me reducen considerablemente. Aunque ojo, todo es posible. Acá van los valores que tildaban de invertidos y que, por eso, vuelven a la mayoría de mis ciclos "ficticios" (reduciéndolos a endometrios débiles que claramente no crecen porque, dale, no ovulo. SIN EMBARGO, recibo a la de vestido colorado todos los meses y parece que le caigo bien, porque se me instala casi una semana):

FSH 4.11 vs LH 5.35 (en día 3 del ciclo).
Todo los demás (léase progesterona, prolactina, valores tiroideos, estradiol OK)

Bajo indicación médica, probamos con citrato de clomifeno -antiestrógeno que "engaña" al cuerpo diciéndole que no hay suficiente estradiol en sangre, entonces, el hipotálamo produce más FSH para estimular la producción de folículos (sí, creo que podría dar una ponencia sobre el tema)- y luego de una dosis más alta que la inicial (de 100 mg del 5 al 9 del ciclo), Vicky logró un PRECIOSO FOLÍCULO de 19 mm un día 12 :) Lo pincharon con Gonacor 10.000 y confirmaron mi primera ovulación en tres meses de estudio. Para mí fue un gran logro.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Había una vez... mi camino


“Dejamos de cuidarnos” allá, por agosto de 2011. Convencida, además, de que esto del embarazo sería un trámite. Qué ilusa. Vengo de muchos años de noviazgo, de cuidarme con una exageración casi enferma… Y heme aquí. Vacía, vacía. ¿Cómo puede ser que haya mujeres que se embaracen del aire?

Pasaron los meses, un año, seis meses más, y empecé a desesperar. Me atendía con mi gineco y obstetra de siempre, que nos pedía que “nos relajáramos”, que “era la cabeza” y otras pelotudeces por el estilo. A los ocho, nueve meses de búsqueda, el mismo médico me indicó hormonales, progesterona, histero y un cultivo. Y a mi maridito, espermograma completo (Kruger y otras yerbas). “Todo está bien, están los dos perfectos y no hay razón para que no queden embarazados”. Ajá… Ok, nos fuimos, aliviados, seguimos divirtiéndonos y a fin de año colgamos la sotana de la ansiedad prometiéndonos liberar –de verdad- la cabeza, cerrar los foros, dejar de buscarlo o buscarla porque todo estaba bien y no dependía de nosotros. 


Hola, ¡bienvenid@s al cacareo!

He aquí, me presento.

Me dicen Vicky, por más de que Claudia Zetara firme todas las publicaciones. Claudia es un personaje ficticio. Por qué la creé, preguntarán... un poco por timidez, otro poco por vergüenza, y otro poco por falta de valor. No estoy preparada para ser infértil. ¿Quién lo está? Y mucho menos, para gritarlo a los cuatro vientos. Más allá de mi orgullo lastimado, reconozco que tampoco me divierte mucho esto de ser la femme-infértil-pública del planeta. No sé, tengo un costado tal vez un cacho más reservado. Que Claudia se lleve las flores. O las piñas.

Luego de años de búsqueda, después de releer y leer blogs y blogs de grandes blogueras sobre infertilidad, decidí abrir el mío. ¿Y por qué no? Después de todo, hace muchos meses que vengo escribiendo y escribiendo en la soledad de ese escritorio de mi casa -que no llega nunca a convertirse en la habitación del bebé-, en formato Word, para dentro, para mi sola.